Volví.
Todo está igual: tan diferente. Los colores siguen siendo brillantes, la madre selva sigue trepando la madera. El living repite por enésima vez la posición de los muebles y juego a adivinar de qué otra forma mamá pudo haber alterado el orden durante mi ausencia. Las escaleras todavía gritan de dolor si las piso fuerte y mi gata está preñanada como lo estuvo siempre. En el baño de arriba continúan rotas las baldosas del piso, pero por lo menos ahora anda la luz. Mi mapuche crece pero su cara parece resignarse al tiempo y mis hermanos perdieron los rasjos de sus niñez.
La calle de tierra no cambó y me acaricia con nubes de tierra seca y olor a pino. Mamá se mantiene joven pero no puede evitar el envejecimiento de su mirada.
Y yo, que sigo viendo en el patio los fantasmas de un pasado que ya no está pero que nunca dejara de exixtir.
Todo sigue siendo igual, todo está tan diferente.
viernes, 8 de febrero de 2008
sábado, 29 de diciembre de 2007
jueves, 29 de noviembre de 2007
sábado, 2 de junio de 2007
El Ataque.
viernes, 25 de mayo de 2007
domingo, 22 de abril de 2007
No soy tan grande

Me fascinan los laberintos de revistas infantiles. Se que ya estoy grande, mi esposa me lo dice todo el tiempo, pero este juego me llama mucho la atención. Por lo general son animales que tienen que penetrar los pasillos de tinta hasta su presa vegetal. Aunque también existen de diferentes temáticas. El que más me gusta es uno de un conejo y su zanahoria, me parece simpático y la ilustración es impecable.
Me divierte el hecho de que en estos juegos hay, por lo general, un total de cuatro caminos dentro de los cuales sólo uno es el correcto. Debe ser fascinante descubrir la respuesta a los tres años de vida. La sensación de satisfacción y orgullo, la imagino exquisita. Uno ve el conejo de un lado desesperándose por despegarse del papel y correr para llegar a la meta. Es un juego traicionero. Ver a ese animal de cuento hambriento, imposibilitado de movimiento obliga moralmente a uno a ayudarlo. Qué inhumano sería dejarlo allí solo y famélico. Entonces el niño, queriendo ayudarlo, toma un crayón, rojo por lo general y comienza a desgastarlo sobre la textura del papel, dejando un rastro desprolijo como Hansel y Gretel para que por la noche, cuando todos duerman, el conejo se escape y coma su zanahoria.
Escupen agua
Mi vida es un laberinto del que no puedo salir. Los pasillos son matas de hojas verdes y desde los quince años corro en él queriendo escapar para dejar atrás el anonimato encontrando en mí una personalidad, una mística que me separe del resto. Ningún recorrido nuevo termina con este provenir, por el contrario, las circunstancias siempre me devuelven al centro, donde duermo cada noche junto a una fuente con dos ángeles de mármol que escupen agua. Llegué a pensar, sin desearlo, que mi verdadero ser debe estar en ese lugar del laberinto, donde no tengo ninguna virtud destacada. Siguiendo este razonamiento es que yo, Carlos Villanca, estoy destinado a ser uno más entre la masa. Un hombre oculto en la multitud, un don nadie, alguien oxidado por la rutina y un salario miserable, un montón de carne picada luciendo un traje nuevo, un pez muerto flotando en estanques de capitalismo sin nada que envidiar. Pero no puede ser, yo no soy así, quiero ser alguien, en la próxima doblo a la derecha. Mis pulmones van a explotar de tanto correr. Ya falta poco. A la derecha. En pocos metros se bifurca el camino. Mi cuerpo sigue en piloto automático e inclinándose por el peso de mi corazón dobla erróneamente. Una luz blanca y majestuosa me hace cerrar los ojos. Cuando los abro veo nuevamente la fuente de agua en el centro del laberinto, donde dormiré esta noche junto a los dos ángeles de mármol que escupen agua.
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